Aslak


Había esperado más de mil años y por fin el mismísimo destino había acabado por participar en mi regreso. Tanto tiempo en el cuerpo hosco del lobo me hizo sentir extraño cuando utilice mis propias extremidades para caminar alejándome de la puerta del infierno… Observé mi nuevo yo, mi nuevo contenedor, el cuerpo de Murdoch era lo más parecido a lo que yo deseaba por eso tuve que reírme de la propia suerte que me había abandonado por su corporativismo con el destino. 
Mire al frente, a aquel cementerio, analicé cada hilo de esencia, cada soplo de aire… Con mis propios sentidos, con mi mente vacía de las interferencias de otra… Con los ojos de otro vampiro, pero ahora eran míos. Estiré los brazos colocando las palmas de las manos hacía abajo. Lo sentía… Por fin, después de tanto años, el poder fluía, mi poder integro regresaba a mí. Justo en el mismo sitio donde me lo arrebataron. Mire aquellas tumbas, recordando que ahora los mismos que me condenaron a ser un parasito no eran más que polvo. Desvié la mirada montaña abajo… Aslak, volvería a ser mía. 
Una poderosa presencia se abrió paso entre las tumbas directa hacía mi. Reconocía a aquella criatura, y ella debió reconocerme a mí. La mascota de la muerte se detuvo, como antaño, no hay muerte sin destrucción. No, ni el Ángel de la muerte podía detenerme, ni el agitador cuyo poder hacía vibrar la tierra desde su restrictiva fosa… Observé el lugar, se había convertido en la falsa zona de recreo de las figuras mas titánicas del infierno. Retenidas, inofensivas… Esperaban con más pena que gloría, y yo sabía a quién esperaban. 
Murdoch se guió por un cuento, aquel iluso desconocía lo que inició… y yo me ocuparía de que ese niño no fuese tan solo un prólogo de una novela inacabada... Yo enseñaría a ese crio el camino más oscuro de la vida, enseñado por la mismísima destrucción.